Jamás lo llegaste ni siquiera a soñar.
Con la infancia, aprendías los primeros dogmas. Tu ciudad había sido el acabose dos milenios atrás
y un montón de ruinas atestiguaban la pervivencia del pretérito espléndido. Presente y futuro
parecían allí tiempos verbales sin conjugación. Otra placa de añejo orgullo vernáculo indicaba que
el club, tu Gimnàstic, asistió al festín de los grandes durante tres campañas, con dos legendarios
prodigios como cima: eliminación del Barça en Copa y victoria liguera en Chamartín. Eso era todo.
En las suavesnoches tarraconenses, los papás explicaban cuentos con héroes de postín: Mingo Balmanya,
Taltavull, Camilo Roig... Grimm y Perrault a pie de muralla, historia sagrada local siempre en tiempo pasado.
Hoy, abandonada ya cualquier esperanza, resultará que sí, que la clase obrera puede alcanzar el paraíso,
que Cenicienta acudirá al baile de palacio. Nunca contamos con ello, para qué nos vamos a engañar.
El Nàstic es uno de esos clubes a los que amas por víscera, por fatalismo vital y porque es entrañable.
Y te entregas a él mintiéndote a cada paso, resignado. No pides, nunca exiges. Pero luego, a un paso de
la gloria, el recuerdo apabulla. Un total de 20 temporadas de travesía por Tercera, con jugadores magníficos
estrellados una y otra vez contra el muro de las promociones, hartos de ser la potencia modesta a la que
nunca empuja ni la suerte ni el dedo del poder. Valero Serer —nuestro venerado Kubala particular—,
Cinto López, Ángel, Rojas, García- Ramos, Parisi, Gallastegui....
“...El Nàstic es uno de
esos clubes al que amas
por víscera, fatalismo y
porque es entrañable”
Archivada la dictadura, Tarragona comenzó a despertar y nuestra seña de identidad se hizo centenaria
entre esporádicas Apariciones por segunda fila, paseos en el filo de la navaja, amenazas de quiebra y
duelos, literalmente, a vida o muerte. Desterrados de nuestro céntrico paraíso, mi viejo campito inglés
de la avenida de Catalunya, cemento e inclemencia sistemática para acompañar la liturgia quincenal de
los 800 habituales en el Nou Estadi. Y nuevos nombres entregados a la causa, nuevos mártires: Pani,
Cunillera, Bañeras, Amigó, Filgueira, los Coch... De repente, se abre el cielo y desde el séptimo
nivel preguntan si queremos subirnos al carro. De mil amores. Somos militantes de una deliciosa nostalgia
que está de moda y entusiasma a los paisanos. Tarragona goza hoy de una espléndida y bien recuperada
autoestima y ha hallado en su Nàstic el espejo donde lucir su belleza. El viejo club actúa, además,
como motor de integración local para los barrios más dispersos y gentes venidas de lejos en aluvión.
Ahora, volvemos a escribir historia: Andreu, Luis César, Ruz, Serrano, Abel, Diego, Pinilla...
Será que Santa Tecla ha obrado este milagro para agnósticos y escépticos en general. Y ahí vamos,
emocionados, agradecidos. Dure lo que dure, que nos quiten lo bailao a lo largo de esta prodigiosa
temporada. Hemos venido a pellizcarnos. Y el resultado nos da igual. Papá, allá donde estés, volvemos
a estar en Primera.
¿Te lo puedes creer?
Text: Fredreric Porta Diari el Pais 27 de Maig del 2006
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